
Inconscientemente somos albañiles, construimos constantemente murallas gigantes que tapan lo que no queremos ver, esconden lo que no quieres mostrar y te protegen de lo que daño te pueda causar. No hay mal en aquello, pero el mundo es muy grande y no podemos vivir en un espacio de dos por dos, donde sólo quepan tus manos, tus pensamientos, tus sentimientos, tus miedos y tus sueños. Aquellos libros empolvados en los estantes de la historia del hombre nos vuelven espectrales, nos hacen por un momento atravesar aquellas murallas y nos bañan de experiencias ajenas, aún así es ficticio. Cuando las murallas pierden su sentido y su utilidad es mejor derrumbarlas. La acción del ser humano es la que sigue escribiendo libros y sigue sembrando esperanza en las vidas individuales y colectivas. Todo a su tiempo y en su momento, cada tiempo y momento tiene su propia voz, sabrás escucharla, y para ello sólo has de confiar y atreverte a ser feliz.

